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Flash nº 8

Título: Utopía Perdida Parte VI
Escritor: Imanol, Jerónimo Thompson (Argumento) y Nerocles (Diálogos y narración)
Portada: Juan Andrés Campos
Fecha de publicación: Diciembre de 2009



Gracias a la incorporación de NeRoCLeS, la larga espera ha llegado a su fin: ¡No te pierdas la conclusión de “Utopía Perdida”, con el enfrentamiento definitivo entre el nuevo Zoom, Lex Luthor y Flash!




En el episodio anterior: 52 años en el futuro, encontramos a un Wally West eternamente joven, que sin embargo apenas mantiene la cordura tras haber perdido a su mujer y la vida que conocía. Incapaz de seguir soportando el mundo utópico que le rodea, Wally decide asumir la identidad de su viejo enemigo Zoom, y volver atrás en el tiempo para cambiar el curso de la Historia. Mientras tanto, en el presente, la situación en Keystone City se vuelve cada vez más inestable, conforme crece la presión ciudadana para que el presidente Luthor encuentre al verdadero culpable del atentado en la central de policía.


Imperceptibles. Habían rodeado el mundo un centenar de veces sin que nadie pudiera llegar a verlos en ningún momento. Flash amortiguaba los golpes de su contrincante reverso, en un intento por que los daños causados por tales impactos no provocaran destrozos mayores. Aquello le consumía, le hacía fácilmente alcanzable. Zoom no tenía remordimiento alguno en sus acciones, simplemente quería alcanzar un objetivo a cualquier coste. Sus vidas en aquel momento eran como un pase de diapositivas, cambiando de ambientes y ciudades, pasando por pueblos de escasa población o por las urbes más modernas del planeta. Parecía que alguien había perdido una cámara de fotos tras dar la vuelta al mundo en ochenta segundos.

Mientras Flash forzaba su gesto a cada paso, Zoom sonreía. Él era Wally West y peleaba contra otro Wally West, uno con mucha menos experiencia. La velocidad era una cosa, la velocidad podía igualarlos, hasta cierto punto. Pero la experiencia, oh, bendito paso de los años, la experiencia hacía a Zoom mucho más mortal.

-Se acabó –Zoom dio un par de pasos más rápidos que Flash y se colocó a duras penas diez centímetros por delante de él, sólo por una fracción ínfima de un segundo, pero bastó. Palmeó su hombro sobre un desierto y pudo sujetar su pie para detenerle mientras rodaba cercano a una playa de algún exótico lugar que ninguno de los dos podía identificar-. Éste es tu final William West. Éste es mi principio.


[St. Roch]

Carter Hall, en su identidad de Hawkman, sobrevolaba la zona de guerra en la que se había convertido parte de la ciudad. Detuvo su vista en varios focos incendiarios, controlando que ninguno quedara descuidado por los bomberos que se afanaban por sofocar el desastre causado. Finalmente su mirada de halcón se detuvo sobre un grupo de agentes uniformados, del FBI. Se agolpaban alrededor de una nave de origen thanagariano. Todo el mundo se movía veloz. Puede que demasiado. Él procuró ser tan rápido como ellos.

-Agentes –dijo al que menos movimiento demostraba, cosa que normalmente revelaba mayor rango en la jerarquía terrestre-, necesito inspeccionar inmediatamente esa nave.

El hombre tardó unos segundos en mirar hacia atrás, donde estaba Carter. Llevaba gafas de sol y, pese a llevar gorra, se podía ver claramente que su cabeza era totalmente calva, carente de cualquier pelo. Mascaba chicle constantemente, con descaro, remarcando el movimiento de su boca.

-¿Le puedo ayudar en algo... súper?-preguntó evidentemente desinteresado-

-Le repito, agente, que debo inspeccionar personalmente esa nave de inmediato, podría contener pruebas...

-Pruebas fundamentales para nuestra investigación, alitas.

Dos agentes de la policía de St. Roch miraban un par de metros atrás. Conociendo el carácter del halcón, rápidamente se lanzaron a aplacarlo, sujetándolo con cierto temor del hombro, con la palma de la mano, intentando no tropezar con sus alas.

-Tranquilícese Hawkman, no le van a hacer caso-dijo uno de los dos agentes locales-. Los federales se presentaron casi de inmediato, como si supieran que todo esto iba a ocurrir. Nosotros simplemente podemos ayudar a los equipos de rescate, son ELLOS los que se encargan de todo.

El agente movió la mandíbula de nuevo, lentamente, prácticamente sonriendo.

-Ya has oído alitas, aquí no tienes nada que hacer-dijo finalmente.

-Represento a la Sociedad de la Justicia, los máximos valores de este país...

-Y yo represento a la verdadera autoridad de éste país, directamente comandado por el presidente, no de ninguna sociedad o liga, sino de los malditos Estados Unidos de América. Si tú tienes una autoridad mayor, te recomiendo que me la enseñes ahora mismo, porque, entre tú y yo, soy la puñetera ley de este país.

Hubo un silencio incómodo, los agentes locales levantaron sus manos del halcón, temiendo lo peor. Con sus dientes Carter podría haber cortado el acero, pero se templó y dio por finalizada la conversación.

-Gracias por su trabajo, agente.

-Encantado-concluyó el agente del FBI, prácticamente habiéndose dado la vuelta mientras volvía a dirigir las operaciones de limpieza de la zona.

Hawkman se despidió de los policías de St. Roch y utilizó su comunicador, esperando obtener respuesta de Wally West; The Flash. Al no encontrarla, surgieron varias preguntas. Alzó el vuelo. Batió sus alas con fuerza, quedando todos reducidos al tamaño de cucarachas, y realmente aquellos agentes del FBI lo eran, pensó.

Se alejó de la zona, pero su mente no dejaba de divagar, ¿Por qué tanta devastación? ¿Qué había pasado aquí realmente? ¿Qué querían los thanagarianos? Y en sus pensamientos no pudo encontrar ninguna respuesta. Puede que, con suerte, la encontrara en otro lugar .


[The Flash y Zoom] [En cualquier caso, Wally West]

Los ojos eran exactamente iguales, y se miraban fijamente. Zoom había inmovilizado a su oponente, tenía la palma de su mano sobre su pecho y, con la experiencia que le habían dado los años, vibraba a la vez que su joven contrapartida, evitando que pudiera moverse más allá de lo que le permitía.

-Robarte la velocidad sería demasiado sencillo Wally- dijo Zoom, sin vanagloriarse-. Al menos así, puedo oírte sufrir.

-No oirás ni un solo grito Zoom.

-Llámame William. En algún momento de nuestra laaaarga vida hubieses preferido que te llamaran William.

-Demonios, sigo sin poder creer que seamos la misma persona, me niego, ¿Qué pretendes Zoom?

El Flash Reverso miró al corredor escarlata con cierta indignación. No se recordaba tan ignorante, tan inocente, ¿No podía darse cuenta que era demasiado evidente que ambos eran la misma persona?

-Simple, Wally: te suplantaré.

-Y te llevarás a medio mundo por delante con tal de conseguirlo.

-Te vuelves a equivocar en tus palabras, Wally. Nadie va a morir hoy. No soy uno de esos estúpidos villanos que durante tanto tiempo mancharon las calles de Keystone. Esto no va de héroes y villanos, nada de eso. Trata del destino de un hombre, yo, y de otro que ha agotado el suyo propio, que lo ha desperdiciado. Tomaré tu vida y ocuparé tu lugar. Viviré con Linda, tendremos hijos. Incluso ya sé sus nombres y conozco bien sus rostros. Conozco su comida favorita y veré como Bart se hace amigo de ellos. Sé todo lo que necesito saber porque estaré allí, porque ya estuve allí.

-¿Estás seguro? ¿Eres consciente de que, si me matas, acabarás con tu propia línea del tiempo?

Zoom golpeó a Flash en la cara, a velocidad normal. Sonrió.

-Te he dicho que soy tú, pero no soy tan tonto como tú. Ni como los villanos. Sé perfectamente que si te mato no estaré quitándome la vida. Creo que se publicará dentro de un par de años, no puedo acordarme bien: “Realidades divergentes y convergentes”, una excelente obra, ganadora del premio Nóbel. Es un ensayo que, entre otras cosas, explica perfectamente que, si un individuo viajara al pasado y acabara consigo mismo, no cambiaría su línea del tiempo, porque realmente no hay una línea única del tiempo. Crearíamos una realidad divergente. No juegues conmigo Wally, te repito que sé exactamente lo que hago.

Flash comenzó a elucubrar una nueva estrategia. Primero de todo necesitaba librarse de su captor. Un cambio en su constante vibratoria, brusco e inesperado, bastaría, por mucha experiencia que tuviera su contrapartida, si es que realmente lo era, pues él aún no creía aquello. No podía tener el control sobre cualquier situación, mucho menos una tan improvisada. Aquello le dolería, pero necesitaba coger a Zoom desprevenido, necesitaba hablar.

-Linda se dará cuenta, cualquiera se daría cuenta.

-Eso es improbable. Tengo tus recuerdos, tu cara y tu ambición para con el mundo.

-Al final fallarás, caerás. Un detalle que ya conoces, aborrecerás el mundo, pues si es cierto lo que dices, no podrías ser yo. No puedes vivir sin la emoción de despertarte en un nuevo día, totalmente desconocido. No serás un héroe, no...

-La línea temporal cambiará. Parecerá absurdo, pero probablemente lo único que permanecerá constante será el resultado de los partidos de fútbol, el resto...

Flash, como había planeado, vibró violentamente, cambiando su frecuencia alrededor de un millar de veces en apenas medio segundo. La mano de Zoom sobre su pecho se enrojeció, apenas imperceptible para la vista (incluso de un velocista) y la fricción resultante le despidió un centenar de metros. Tiempo suficiente para que el auténtico Flash reaccionara.

Cuando alzó la vista Zoom ya se cernía sobre él, como una sombra. Aquel hombre, si decía la verdad, tenía toda su experiencia adquirida hasta el momento más la ganada tras muchos años. Dominaba la fuerza de la velocidad como quien cruza de una a otra acera. Para él era totalmente normal.

-Te he dicho que esto se acabó Wally. No voy a tener más contemplaciones contigo. Despídete – le advirtió cuando Zoom estaba apenas a un metro de él.

-Me parece que lo olvidaste hace algún tiempo, “William”– Flash se movió cuando su enemigo estaba a sólo un paso. Había leído en alguna parte que un practicante marcial, aunque se vea superado por la experiencia y fuerza de su contrincante, puede ganar tiempo si logra adecuar siempre su evasión a medio paso de distancia, el tramo mínimo para poder escabullirse de cualquier golpe. Él no tenía la experiencia para apurar ese medio paso, pero había forzado la distancia hasta el máximo-. Yo sigo siendo un héroe, aún tengo eso de mi parte.

Zoom se volvió, mirando fijamente a su contrapartida.

-Te aseguro que tienes tanto de héroe como yo. Si piensas que mis acciones son erróneas, piensa que son tus errores...

Se volvió a lanzar a la carrera, buscando golpear la cara del velocista escarlata.


-... cuando acabe con esto todo volverá a ir por el buen camino – agitó las palmas de su mano a súper velocidad, moviendo a Wally unos cuantos metros, pero demostró ser insuficiente al poder contrarrestar el vendaval con la fuerza de su carrera-. Te aseguro que todos admirarán a Flash, todos.

Las palabras de Zoom hacían verdadera mella en Flash. ¿Podía convertirse en alguien tan cegado por su propia ambición que se olvidaría de todos los principios que habían asentado su vida como velocista? ¿Tenía alguna pizca de aquel egocentrismo?

-Nunca dejaré que consigas salirte con la tuya – dijo Flash, que rodeó a Zoom y le dio un codazo en la espalda. A su alrededor el mundo volvía a cambiar, pero cuando los golpes se prolongaban en un espacio, no podía evitar ver cómo las acciones de su enemigo le permitían tolerarle un poco. Zoom, en un intento por ser un mejor héroe, salvaba a todo aquel que su pelea ponía en peligro. Pasaban segundos enteros de descanso, desalojando lomas de montañas de donde se habían desprendido grandes rocas o atrapando a transeúntes que por un mal control de su velocidad habían sido impulsados con violencia .

Finalmente, Flash consiguió retenerle sujetándole nuevamente por la espalda, pasando uno de sus brazos por encima del traje amarillo sobre su cuello.

-Aún estás a tiempo de arreglar esto Zoom... William. Te conozco bien. Creo que entiendo, en parte, por qué haces esto. Quieres enmendar tu camino, decirte a ti mismo que tu vida ha valido la pena, que puedes hacerlo mejor. Y en verdad puedes hacerlo mejor William: ríndete ahora y regresa a tu tiempo, con los tuyos.

Zoom dudó, pues escuchar la voz de aquel joven Wally era como oír los pensamientos de uno mismo, la conciencia que lucha contra uno para no hacer una determinada acción, sabiendo las consecuencias que podría o no producir ésta. Si volvía a su futuro no tendría nada, quizá la inmortalidad, pero eso no era nada. Volvería a una estresante rutina, a sus sesiones de terapia, ¿Qué clase de vida era ésa para Flash?

-Yo...

Flash cedió un poco al ver que Zoom dejaba de forcejear unos segundos. Deshizo su presa y le miró de frente.

-Tu sabes lo que está bien y está mal. Barry nos lo enseñó, ¿Recuerdas a Barry?

-Recuerdo a Barry Allen. Recuerdo a tía Iris... tantas cosas.

-Aun estás a tiempo. Si no quieres olvidar todo lo que nos enseñaron debes volver...

...

-...debes volver ahora.

-No.

-¿No?

-No habría servido de nada... tanto esfuerzo. Vengo del futuro, pero sé exactamente que cuando miro hacia delante no hay nada para mí Wally, absolutamente nada. Ahora o nunca “Flash”, ésta será tu última carrera. Sígueme si puedes.

-¡DETENTE!


Zoom comenzó a correr, teniendo un rumbo fijo y premeditado: Opal City. Recordaba aquel talante heroico de Flash, sabía que no le dejaría ganar esta disputa, aunque tuviera que dar su propia vida. Por un momento creyó sentir orgullo, aunque era una sensación demasiado extraña para ser descrita como tal.

No dejaba de mirar hacia atrás, visiblemente preocupado por el desenlace final del entramado. Debía buscar el punto débil de su contrapartida. Recordaba. Era Flash, el hombre vivo más rápido del mundo. Prácticamente nada podía tocarle si no quería, pero tenía una debilidad: Linda. Su mujer estaba en Opal City. Precisamente ese día, de compras junto a Ralph y Sue Dibny a la espera de que su marido volviera por ella. Lo recordaba perfectamente. Zoom tenía la experiencia, Flash el coraje. Todavía no había nada decidido.

Zoom dijo algo, pero se perdió en la velocidad de su huída, probablemente sobre una montaña, quizás sobre un lago. Lo único que Wally West podía ver de su reverso amarillo era su cabeza nerviosa, continuamente agitándose, mirando a un lado y a otro. Entonces quedó a la vista la entrada a Opal City. Flash aceleró la marcha.

-Zoom...-dijo colocándose a su misma altura- si no te detienes voy a tener que...

-Sé lo que eres capaz de hacer Flash, pero a mí no me queda nada, ¿Puedes decir tú lo mismo?

¿Linda? –pensó el Wally del presente- ¿Va tras Linda? Acelera West, esto se pone serio.

Pero las piernas de Zoom fueron más rápidas en ese momento. Se deslizó entre los dedos de Flash. Y en menos de un segundo, todo se detuvo.

Allí estaba Linda, con varias bolsas de alimentos colgadas a sus brazos, charlando alegremente con la mujer del Hombre Elástico, dispuesta a volver a casa, a su rutina, como cualquier otro día. Zoom se encontraba a unos quince metros de ella y repartía su mirada entre la que recordaba como su hermosa esposa y el joven Flash que había sido, recién salido de la invisibilidad que se percibía al correr a velocidades casi lumínicas. Miraba horrorizado.

-Aquí la última jugada Wally – sonrió Zoom, sabiendo que el chico le oía-.

Instintivamente Flash arrancó a toda velocidad hacia el Flash Reverso, pillándole desprevenido al moverse más rápido de lo normal. Su puño fue directamente hasta la rodilla de su enemigo, seguidamente partió su brazo y después una patada en la espalda lo tumbó boca abajo en el suelo. Aquel acto reflejo cogió al otro completamente por sorpresa.

-Dios mío... –gimió, con la boca aún en el suelo- sabes que los golpes no sirven de mucho, nos curamos rápido.

-Tú no – Wally pateó entonces la pierna más sana, sabiendo que la otra ya debería de estar curándose a estas alturas-. Me creí toda tu historia, sobre haber sido Flash, sobre haber sido Wally West y sobre querer todo lo que yo quería. Pero aquí sólo veo a un loco que posiblemente tenga mi cara, pero no tiene nada de lo que me hace a mí un...

-¿Un héroe? Soy exactamente igual que tú Wally, por Dios. No le hubiera hecho nada a Linda, lo sabes, sólo pretendía cogerte distraído, torpe. Pero parece que al final tu rabia y fuerza han ganado a cualquier estrategia. No en vano, Hal y Kyle te dijeron que tenías la voluntad para convertirte en un Green Lantern; te invitaron a unirte al Cuerpo.

-¿Kyle y Hal? Un momento, ellos dos nunca...

-Demasiado lento – Zoom se levantó, recién recuperado, pero obviamente mal curado, más lento. Se dirigió hacia Linda, puede que sin saber siquiera que haría al llegar a ella, pero en realidad el lento era él.

Un grito estremecedor y un rayo detuvieron a Zoom, el Flash Reverso. La voz era la del Wally contemporáneo, y el rayo nadie podía comprender cómo había sido convocado, pero había bastado para detener al velocista del futuro, el cual se había parado a medio metro de su esposa, con una pierna en el aire, apoyando la otra y con un gesto de esfuerzo en su rostro. Todo había acabado, al menos de momento.

Cuando los ojos de Wally, los cuales brillaban como el rayo que había caído, se calmaron, se acercó por fin a su mujer.

-Yo... no sé qué decir...

-Es el Flash Reverso – le dijo ella, sin percatarse demasiado de las facciones de su cara-.

-Lo es, es un villano. Después te cuento – le respondió él, dirigiéndose entonces a Zoom y hablándole al oído, sin saber con seguridad si podía escuchar alguna palabra-. Tengo que encargarme de ti. Te llevaré a un lugar donde te vigilarán. Sólo quiero que te quede claro. Antes, cuando hablábamos, no me refería a que todo lo que he hecho me convirtiese en un héroe, ni mucho menos. Me queda demasiado camino por recorrer aún, espero que mejor que el que te ha tocado vivir a ti. Sólo quería decirte que, al menos yo, puedo sentirme orgulloso de ser como mínimo un hombre.

Cogió su cuerpo y empezó a moverse para ir no demasiado lejos de allí.

[Iron Heights]

Tras identificarse rápidamente, Flash avanzó hasta el despacho de Wolfe, que no esperaba recibir ninguna visita en aquel momento.

-Escuche Wolfe, sé que no nos llevamos demasiado bien, pero tengo que dejarle a éste villano aquí. Búsquele una celda de máxima seguridad y no lo toque demasiado, no sé muy bien qué le ha pasado. Volveré en cuanto pueda para rellenar cualquier maldito informe.

-Un momento, Flash...

-No lo tengo –dijo, y salió corriendo dejando su característica estela rojiza-.

Wolfe se quedó a solas con su nuevo huésped, mirándolo fijamente. Tras unos minutos examinando el extraño equilibrio que conseguía mantenerle en pie volvió a fijarse en su cara. No podía quitar la máscara, hecha con pura Speed Force. No obstante, tras fruncir el ceño, echó a reír. ¿Acaso no era aquella la estúpida mirada de Wally West? ¡Qué cosas!



[Washington D.C.]

Se oyó el cerrarse de una puerta y, durante cuatro o cinco segundos, un profundo silencio.

-En cierta forma te esperaba pero... ¿Me puedes decir cómo tienes el valor de entrar en mi despacho sin llamar, Flash? – el Presidente Luthor miraba por una ventana del despacho oval, sabiendo perfectamente quién era el que furtivamente había entrado hasta llegar a su directa presencia.

-Se acabó, Luthor. Entrégate.

-¿Pero qué dices? Deberías calmarte y sobretodo explicarte, me parece que estás desvariando.

-Tu juego del gran manipulador se acabó. Sé todo, sé qué has estado haciendo últimamente y creo que no debería saberlo sólo yo. Seguro que, entre otra mucha gente, a los agentes de policía que han sobrevivido a la masacre de Keystone les alegrará saber que hay un culpable. Alguien MUY culpable.

Luthor se detuvo a mirar a su interlocutor. Wally sudaba, respiraba demasiado acelerado y su voz, aunque segura, por momentos temblaba. Estaba nervioso, algo le atormentaba. Podría haber gritado el nombre de Zod y segar la vida más veloz del mundo en cuestión de segundos, pero ante un enemigo ya derrotado terminó de apretar el nudo de su corbata y paseando su mano sobre su escritorio, comenzó a hablar.

-Wally, no tengo ni idea de qué estás hablando y, aunque la tuviera, que no digo tal cosa, te presentas en mi despacho sin solicitar una cita previa y sin ninguna prueba, tan sólo una acusación particular. ¿De verdad pretendes que te tomen en serio? No sigues siendo más que aquel mocoso arrogante y veloz que se puso las botas de su tío precipitadamente.

-No te atrevas a mencionar a Barry – en menos tiempo que el que tarda un parpadeo dio una leve palmada a Luthor en el pecho, sin pretender herirle.

-Mira, si tú o tu estúpida Liga de la Justicia de MI América lanzáis cualquier campaña de difamación sobre mi persona, estaréis muertos. No lo digo literalmente claro, pero atente a las consecuencias. Puede que vosotros, con todas vuestras habilidades mágicas y demás inventos alienígenas os creáis por encima de todo, pero yo soy el Presidente y no dudaré en hacer uso del mayor poder de este país: sus leyes. Escucha, chico – Luthor apartó con el reverso de la palma de su mano el dedo inquisidor de Wally, con total desprecio-, intenta cualquier cosa y la Liga de la Justicia sólo será un recuerdo. Es más, vuelve a ponerme un dedo encima y veremos en qué prisión de metahumanos duermes esta noche.

A Flash le sobraba un segundo para pensar en todo aquello. No le importaba mucho si él caía en desgracia con tal de quitar a Luthor de en medio de una vez por todas, pero la Liga... ¿Podía arriesgar todo el esfuerzo que había invertido la Liga de la Justicia en aquellos años? ¿Tan sólo por un hombre, aunque él fuera el mismísimo demonio? Zoom parecía tener razón, en todo, ¿Lo hacía por él acaso? Si renunciaba a denunciar a Luthor ante el mundo, ¿sería para evitar el destino que había tratado de cambiar su versión del futuro? ¿Estaba rematando él el trabajo que no había podido concluir Zoom?

Flash salió corriendo de aquel lugar, sin mediar palabra, agobiado por todas las ideas que se le habían echado encima en aquel momento.


[Epílogo]

Linda West, de vuelta en su apartamento de Keystone City, oyó cómo la puerta de entrada acabó por cerrarse de un golpe. No pudo evitar sentir inmediatamente una leve brisa que cruzaba toda la habitación donde estaba hasta llegar al balcón. Sabía exactamente quién era.

-¿Wally? -preguntó, con algo de miedo por la mirada que tenía su marido en la cara la última vez que le vio.

Se asomó hasta las puertas de cristal que separaban la estancia del exterior y pudo ver una espalda que le era muy conocida, enfundada en escarlata velocidad, con la máscara que normalmente le cubría la cabeza desmaterializada. Pudo ver como él temblaba.

Wally se giró y con total impotencia se acercó algo tambaleante a Linda. Sus ojos eran vidriosos, aunque no le iba a dar a Luthor el gusto de una victoria tan profunda. No se lo había dado a ningún villano, Luthor no iba a ser el primero. Se acercó a Linda y, sabiendo que ella le entendería, la abrazó.

Nadie dijo nada más.

FIN

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Green Lantern nº 17

Título: ¡El Ataque de los Hombres Halcón!: Capítulo Quinto
Escritor
: Jerónimo Thompson
Portada: Roberto Cruz
Fecha de publicación: Diciembre de 2009

La sangre de los inocentes ha salpicado el suelo de Oa... ¿Quién detendrá a las fuerzas invasoras de Thanagar cuando todo parece estar ya perdido?

En el episodio anterior… Hawkman y Hawkwoman caen en una emboscada organizada por el Alto Mor de Thanagar, que concluye con la muerte de Shayera Hol y el encierro de Carter en un laboratorio del Rectorado XII. Mientras tanto, John Stewart inicia un ataque desesperado contra la flota thanagariana que orbita alrededor de Oa, al tiempo que Kyle Rayner se introduce en la Ciudadela de los Guardianes para liberar a Ganthet y al resto de prisioneros allí recluidos. Viendo peligrar su posición en Oa, la capitana Merkan Rad activa un mecanismo que acaba con la vida de todos los Guardianes infantiles, destruyendo una tercera parte de la Ciudadela en el proceso.


La pequeña Lagzia se divertía proyectando imágenes de diversas formas y colores, con la ayuda del transmentat que le había regalado su Comunidad durante la pasada festividad de la cosecha. Su madre, Munni Jah, la observaba distraída desde las escaleras flotantes que subían hasta su hogar de estructura elipsoide, situado a varios metros del suelo sobre una estrecha columna piramidal.
Los flujos de colores generados por el transmentat oscilaban entre los diminutos dedos rosados de la niña, zigzagueando a continuación entre las briznas de hierba de la pradera que se extendía al pie de la casa, para volver rápidamente a sus manos.
La pequeña Lagzia había estado entreteniéndose con estas sencillas creaciones de su mente desde que su padre se marchara a la Ciudad una hora antes, pero aún no mostraba signos de cansancio. Sin embargo, su madre se removió inquieta en el escalón sobre el que reposaba, cuando la niña se incorporó de repente, apretando su cabeza rasurada con ambas manos.
-¿Lagzia? –exclamó Munni con tono preocupado. -¿Estás bien?-.
La pequeña había cerrado los ojos con fuerza, al tiempo que sus proyecciones mentales confluían en un único punto frente a ella, adoptando una forma cada vez más definida. Su madre bajó rápidamente las escaleras, mientras Lagzia comenzaba a gritar desesperadamente, rodeada por las enormes manos sin sustancia de una figura aparentemente humana y de piel muy pálida. Un largo manto de color verde cubría casi por completo el rostro de aquel espectro surgido de la nada, que sin embargo, no lograba ocultar el brillo refulgente de sus ojos.
Cuando Munni Jah llegó por fin hasta su hija, la proyección mental había vuelto a cambiar adoptando la forma de un planeta cubierto casi completamente por el agua, y en el mismo instante en que su madre la rodeaba con los brazos, Lagzia perdió la consciencia derrumbándose sobre ella. El transmentat se desactivó de inmediato, y la niña apenas alcanzó a pronunciar unas pocas palabras antes de sumirse en un profundo estado de sueño:
-Hal... La elección es tuya...-.


La doctora K’mele contempló el devastado sector noreste de la Ciudadela desde una altura de cien metros, suspendida en el interior de la esfera esmeralda que había creado el anillo de Kyle Rayner para protegerla(1). Las densas columnas de polvo ennegrecido que ascendían desde los restos calcinados de aquella zona, sobre la que tan sólo unos minutos antes se habían alzado las torres más altas y orgullosas de la Ciudadela, impedían que la anciana pudiera apreciar en toda su magnitud el alcance de los daños causados por la explosión. No obstante, lo poco que llegó a vislumbrar fue suficiente para hacer palidecer su rostro abundante en arrugas.
La esfera de energía descendió lentamente hacia el suelo cubierto de escombros a través de aquella humareda sofocante, deteniéndose en el punto exacto donde debía encontrarse Kyle Rayner. A continuación, el anillo de poder realizó un escaneo sistemático del área circundante, y tras verificar las lecturas que recibía de su entorno, enunció con su característica voz impersonal:
-Localización del Green Lantern asignado: desconocida-.
-¿Estás seguro? –preguntó la doctora K’mele dirigiéndose al pequeño objeto esmeralda que reposaba en la palma de su mano. –Quizá, bajo todos estos escombros...-.
-Este anillo atiende únicamente a los deseos del Green Lantern asignado. Última orden recibida: “Proteger a la doctora K’mele de los thanagarianos, y volver con Kyle Rayner cuando ella lo indique”(2)-.
La talkoriana trató de ocultar su frustración, mientras buscaba las palabras adecuadas para convencer al anillo de que siguiera activo durante un poco más de tiempo.
-No pretendo decirte cómo tienes que cumplir con tus funciones, anillo, ¿pero no crees que te sería más fácil “volver con Kyle Rayner” si por ejemplo, dispersas toda esta humareda para que pueda ayudarte a encontrarlo con mis propios ojos? Y bueno, si además retiras algunos escombros, de forma que...-.
-La retirada de escombros –contestó el anillo, -podría provocar un derrumbe en los niveles inferiores, que pusiera en peligro la vida de Kyle Rayner si éste se encontrara allí abajo: un riesgo inaceptable, sin una orden directa del Green Lantern asignado-.
La doctora se mordió el labio inferior, reprimiendo la respuesta airada que merecía aquella “cosa” estúpida e insensible. En cambio, se dirigió al anillo con toda la dulzura que fue capaz de fingir:
-Por supuesto... Tienes razón en lo de retirar los escombros, pero... ¿Y lo de despejar todo este polvo para que pueda ayudarte a buscarlo...?-.
El anillo de poder permaneció en silencio durante unos segundos, y entonces, sin añadir una palabra más, creó alrededor de la esfera un gran número de pequeños ventiladores, que hicieron retroceder la humareda hasta formar un perímetro de unos cincuenta metros de diámetro, en cuyo interior la visibilidad era del cien por cien.
El espectáculo que se descubrió frente a la doctora K’mele conforme se dispersaba la nube de polvo y humo, dejó sobrecogida a la talkoriana: a escasos metros de donde se había posado la esfera esmeralda, se abría un cráter de gran tamaño, excavado entre los restos de aquella zona de la Ciudadela; y en el mismo centro de este cráter, una enorme figura de casi cinco metros de altura retiraba escombros a ritmo frenético, sin reparar en la presencia de la recién llegada.
-¿Quién... o qué es eso? –preguntó la anciana con labios temblorosos.
-Defina mejor los términos de su pregunta –se limitó a responder el anillo.
-¡¿Que quién es ese gigante que está cavando delante de nosotros, removiendo todos los malditos escombros?! –gritó la doctora furiosa. -¿Me he expresado ahora con suficiente precisión?-.
-No detecto signos vitales en este área. Sólo un desplazamiento de escombros de origen desconocido-.
-¿Origen descon...? ¿Pero no lo ves? ¡Es una especie de humanoide de tamaño descomunal! No reconozco su raza, pero su piel carece de pigmentación y...-.
-Este anillo ya ha cumplido la última orden recibida. A continuación, pasará a modo inactivo-.
Dicho lo cual, desaparecieron todos los ventiladores que habían despejado la zona, junto con la esfera de energía que rodeaba a la talkoriana. La doctora no supo qué hacer entonces, y se limitó a avanzar lentamente hasta el borde del cráter, para observar con cautela el avance de la excavación, mientras fragmentos de piedra, cristal y plástico vitrificado volaban sobre su cabeza, lanzados por el impulsivo gigante.
Un par de minutos después, el Espectro (pues no era otra la identidad de aquella figura pálida, cubierta por un manto de color verde) se detuvo bruscamente, y con una delicadeza que contrastaba con el frenesí con que había acometido su labor de desescombro, recogió los cuerpos inertes de Ganthet y Kyle.
-No... –susurró la doctora K’mele temiéndose lo peor. Un susurro apenas audible, que sin embargo llegó hasta los oídos del Espíritu de la Venganza, y le hizo girarse lentamente hacia ella.
El Espectro depositó al Guardián y al Green Lantern a los pies de la anciana; y ésta, a pesar del terror que la sobrecogió al verse cara a cara con aquel ser de pesadilla, pudo advertir que ambos cuerpos se encontraban rodeados por un aura esmeralda que se desvaneció al tocar el suelo. Entonces, habló el Espectro:
-Ganthet ha salvado sus vidas al invertir sus últimas fuerzas en crear un campo energético que les protegiera de la explosión. Permanecerá inconsciente durante varios días, mientras su cuerpo se recupera de todo el esfuerzo realizado. Kyle, sin embargo, volverá en sí dentro de unos minutos. Cuida de ellos-.
-Pero... –acertó a decir la doctora. -¿Quién eres? ¿Y qué sabes de todo esto?-.
El Espectro recibió aquellas preguntas como si de golpes físicos se tratara. Y desvaneciéndose en el aire, respondió:
-Yo... sé más de lo que quisiera saber... Fui el responsable de que la sangre de los Guardianes salpicara el suelo de este planeta por primera vez... Y también quien vengará esta segunda-.

La imagen en tres dimensiones que reproducía el rostro del comandante de la flota thanagariana en Oa observaba a la capitana Merkan Rad con dureza. Se trataba de un militar de la vieja escuela, con una enorme cicatriz que cruzaba su cara desde la oreja izquierda hasta más allá de la sién derecha. Su tez ligeramente enrojecida mostraba con claridad la intensa cólera que bullía en su interior:
-¿Se da cuenta de lo que ha hecho, capitana? –dijo el comandante con voz entrecortada, debido a las fluctuaciones de energía que aún sacudían aquella zona de la Ciudadela tras la terrrible explosión.
-Me doy cuenta de que era lo único que podía hacer, comandante. Nos enfrentábamos al ataque coordinado de al menos dos Green Lanterns, y era sólo cuestión de minutos que el portador del anillo que se encontraba aquí, en la superfie del planeta, estuviera en disposición de liberar a los Guardianes del Universo-.
-¡Estupideces! –gritó su superior. -En primer lugar: es “sólo cuestión de minutos” que eliminemos al Green Lantern que ha cometido la temeridad de atacar a nuestra flota en solitario; y aunque es cierto que ha causado más daños de lo que hubiera sido deseable, su aparición nunca ha supuesto un peligro para la misión-.
El militar thanagariano hizo una breve pausa en su airada disertación, mientras estudiaba el rostro impertérrito de la capitana Rad.
-En segundo lugar: su equipo, y usted como principal responsable del asalto a la Ciudadela, fracasaron en su cometido al permitir que ese Green Lantern que han localizado ahí abajo lograra introducirse en el área asegurada, e incluso tuviera la oportunidad de liberar a los Guardianes del Universo-.
-Con el debido respeto, comandante –masticó más que pronunció la capitana. –Si el Alto Mor hubiera aprobado el envío de soldados que solicité cuando...-.
-¡No se atreva a culparnos a nosotros de su fracaso, capitana! El Alto Mor depositó en usted una confianza sin duda inmerecida, y ahora, es mi flota la que tiene que responsabilizarse de mantener nuestra posición en Oa, sin la valiosa baza que suponía contar con los Guardianes del Universo como rehenes. ¿Qué impedirá a los aliados que tiene Oa, por ejemplo en la Tierra, atacarnos ahora que no disfrutamos de esa ventaja? ¿La vida de un puñado de científicos que no importan a nadie(3)? ¡Se da cuenta de lo que ha hecho, capitana Rad! ¡Puede dar por seguro que la llevaré frente a un Consejo de Guerra cuando todo esto acabe! ¡Y por los Siete Demonios qu...!-.
El rostro del comandante de la flota se desvaneció entonces en el aire. Tan repentinamente como se desconectaron todos los sistemas electrónicos dispuestos por los thanagarianos en aquel gimnasio reconvertido en sala de control, y al mismo tiempo, se interrumpió el suministro de energía que recibía aquel edificio de la Ciudadela.
El grupo de técnicos que hasta ese momento había estado tratando de relocalizar el anillo de poder de Kyle Rayner (aunque bien es cierto que estaban dedicando más atención a las palabras del comandante que a sus propios monitores), se volvió hacia su capitana buscando una respuesta para el inesperado apagón. La sala entera se había sumido de repente en la penumbra, disponiendo únicamente de la luz exterior que les llegaba a través de unos estrechos ventanales colocados junto al techo de la estancia, a varios metros por encima de sus cabezas.
-¿Sargento? –indagó Merkan Rad, aún aturdida por las amenazantes últimas palabras de su superior.
-No sé qué ha ocurrido, capitana –respondió su segundo con gesto de confusión. –Quizá una sobrecarga tardía de las líneas por efecto de la explosión...-.
-Pero... –se atrevió a añadir uno de los técnicos. –La mayor parte de nuestro equipo es autosuficiente, y no depende en modo alguno del suministro energético de la Ciudadela...-.
-¡Ouch! –exclamó entonces el sargento, frotándose el brazo derecho con rapidez.
-¿Qué? –preguntó la capitana.
Pero antes de que ésta llegara a recibir su respuesta, un par de técnicos thanagarianos lanzaron también breves exclamaciones de dolor, al tiempo que apretaban con fuerza diferentes partes de su cuerpo. Y a estos dos les siguieron tres más, que en pocos segundos se vieron acompañados por todos los demás miembros del grupo. Mientras tanto, el sargento ya se había derrumbado sobre sus rodillas, con ambas manos hundidas en el abdomen.
-¿Pero qué...? –susurró Merkan Rad. Y entonces, palideciendo de forma ostensible, retrocedió varios pasos, y cubrió su rostro con la mano derecha: -¡Nos están atacando!-.
Sintiendo que su vida corría peligro en aquella sala, posiblemente contaminada por algún tipo de agente químico o biológico, la capitana recogió de forma apresurada el casco alado que había dejado sobre una pequeña mesa flotante, y colocándoselo rápidamente, salió de inmediato por el acceso que le quedaba más próximo. Los filtros automáticos de su casco se activaron tan pronto como ella se lo ajustó sobre la cabeza, haciéndole posible respirar aire purificado mientras corría ya por el estrecho vestuario sin iluminar que quedaba al otro lado, en dirección a la puerta que le permitiría salir del edificio. Lo que no pudo filtrar el casco fueron los gritos desgarrados de sus hombres, que parecían estar sufriendo la más terrible de las agonías en aquella sala que dejaba atrás.
Al alcanzar el extremo opuesto del vestuario, la capitana Rad palpó a ciegas el lado izquierdo de la puerta, tratando de activar su mecanismo de apertura. Sin embargo, cuando por fin lo encontró, y presionó varias veces sin obtener resultado, comprendió que el sistema electrónico que controlaba aquel acceso también había caído tras el apagón.
Consciente de la desesperada situación en la que se encontraba, la capitana apoyó su espalda contra la puerta bloqueada, y tomando dos armas que colgaban de su cinto, trazó un arco de 180 grados con ellas, a la espera de que sus enemigos, probablemente ocultos en aquella inquietante oscuridad, la atacaran. ¿Más Green Lanterns?, pensó. Lo dudaba: aquellos mojigatos nunca hubieran matado a sangre fría a sus hombres, como esos atacantes parecían haber hecho. Pero entonces... ¿Quién?
-Tus armas no te servirán de nada contra mí, Merkan Rad –dijo una voz profundamente grave que la thanagariana fue incapaz de localizar, y mucho menos de reconocer.
-¿Quién eres? –preguntó con poco interés en conocer la respuesta; lo único que pretendía era que aquel bastardo siguiera hablando el tiempo suficiente para que ella pudiera situarlo, y acabar con él de una certera descarga láser.
-Soy la voz de los muertos, Merkan. El grito vengador de los Guardianes caídos, que os hará pagar todas las atrocidades cometidas por Thanagar. Soy la llama que consumirá vuestros delirios de poder desmedido.Yo... soy tu muerte-.
La capitana movía frenéticamente sus armas de un lado para otro, tratando de fijar una diana precisa, pero la voz de aquel intruso parecía llegarle desde todos los rincones del vestuario.
-¿Estás preparada para responder por tus actos, Merkan? –concluyó el Espectro, a la vez que mostraba sus ojos como dos pequeñas estrellas binarias suspendidas en la densa oscuridad de la estancia.
La capitana Rad disparó varias descargas láser con sus armas, que tomando la posición de aquellos dos puntos de luz como referencia, barrieron el lugar exacto donde debía encontrarse su enemigo. Y cuando supuso que ya debía de haber acabado con él, volvió a lanzar varias series de descargas adicionales para asegurarse.
Los ojos del Espectro, por su parte, no se movieron del sitio donde habían aparecido. De hecho, apenas unos segundos más tarde, en el silencio ominoso que siguió al tremendo despliegue armamentístico realizado por la thanagariana, aquellos puntos de luz marcaron el lugar exacto de donde surgiría el Espíritu de la Venganza: al extenderse por todo el vestuario una difusa luz esmeralda de origen indeterminado, el Espectro se mostró ante ella envuelto en su pesado manto de color verde oscuro.
Merkan Rad se supo condenada en el mismo instante en que sus ojos lo contemplaron. Y seguidamente, pronunció sus últimas palabras:
-Me ordenaron que ocupara la Ciudadela de los Guardianes en Oa, y así lo hice. Me ordenaron que mantuviera nuestra posición aquí, y así traté de hacerlo. Sólo he cumplido con mi deber de militar-.
A continuación, la capitana Rad empezó a sentir fuertes punzadas en brazos y piernas, que rápidamente crecieron en número e intensidad hasta lacerar todo su cuerpo. Cuando los pequeños gusanos se abrieron paso a través de su piel para salir al exterior, sus gritos pusieron de manifiesto el mismo tormento que ya habían sufrido sus hombres en la sala contigua.
Para entonces, sin embargo, el Espectro ya se había ido.

Al abrir de nuevo los ojos, John Stewart observó que el navío de guerra thanagariano que ocupaba ya todo su campo de visión, parecía flotar a la deriva. Un comportamiento insólito, sin duda, que contrastaba poderosamente con la determinación que había mostrado hasta ese momento la flota que orbitaba Oa, en su intento de acabar con la vida del Green Lantern.
El combate que había tenido lugar durante la última hora había puesto al límite tanto el poder del anillo como la voluntad de John, y aunque fueron muchas las naves que resultaron dañadas al enfrentarse al Green Lantern, su gran número había terminado por doblegarle.
De esta manera, cuando John Stewart, con el brazo derecho roto y una preocupante perforación en el pulmón izquierdo, vio avanzar hacia él a uno de los mayores destructores de la flota, se limitó a cerrar los ojos y prepararse para la batalla final.
Sin embargo...
El destructor parecía moverse ahora por inercia, sin una dirección definida. Y John Stewart, al girarse a ambos lados y estudiar detenidamente a las restantes naves de la flota que habían esperado la actuación del navío de guerra para unirse de nuevo al combate, observó en ellas el mismo desplazamiento errático que mostraba ahora su “hermano mayor”.
-¿Pero qué está ocurriendo? –murmuró para sí, decidido a repetirle la misma pregunta a su anillo para que iniciara un análisis completo de la situación.
-Todo ha terminado, John –se adelantó una voz familiar que escuchó justo a su espalda. Al volverse, por supuesto, fue al Espectro a quién encontró.
-¡Hal! –exclamó el Green Lantern. -¿Has venido a ayudarnos?-.
-No, John. He venido a vengaros. Y si ha habido un día en esta segunda “vida” que me fue dada en el que he estado más lejos de ser Hal, ese día es hoy-.
-No te entiendo...-.
-Los Guardianes del Universo han muerto. Sólo Ganthet ha sobrevivido a la masacre. Y el renacer de todo lo que fue destruido por mi mano, el nuevo comienzo que hizo posible Kyle Rayner(4), se ha malogrado para siempre-.
-¿Los Guardianes? ¿Muertos? –preguntó John Stewart con sorpresa, olvidando por un momento el intenso dolor que punzaba su pecho.
El Espectro asintió gravemente, y tras un breve silencio, sentenció:
-Reúnete en la Ciudadela con Ganthet y Kyle, John. Necesitarán tu ayuda-.
-No me encuentro en las mejores condiciones para volar hasta allí, Hal... Y de todos modos... ¿Qué pasa con la flota?-.
El Espectro posó su mano abierta sobre el pecho del Green Lantern durante apenas unos instantes, añadiendo a continuación:
-Tus heridas han sanado. Y no tienes por qué preocuparte por estas naves: todos sus ocupantes están muertos. Han sufrido el mismo destino que los thanagarianos que invadieron la Ciudadela-.
-Pero Hal... –dijo John horrorizado. -¿Eres responsable de eso? ¿Tú los has matado?-.
-No me llames Hal. Hoy soy el Espíritu de la Venganza. Y no me detendré hasta que todos hayan pagado por sus pecados-.
-¿Pero quiénes son todos? Si lo que dices es cierto, ya has matado a miles de thanagarianos. ¡Has asesinado a sangre fría a toda su flota!-.
Los ojos del Espectro centellearon con un intenso fulgor esmeralda al contestar al Green Lantern:
-No es suficiente. La sangre de los Guardianes del Universo exige venganza, y yo voy a ofrecérsela. Voy a destruir Thanagar-.

Concluirá...

(1) Ver número anterior.
(2) Cosa que ya hizo el anillo en el número anterior.
(3) Se refiere a los miembros del Rectorado Prima de Oa que aún permanecen bajo su custodia.
(4) Kyle Rayner empleó todo el poder de Ión que poseía para reiniciar la Batería Central de Oa y resucitar a los Guardianes del Universo como niños; todo ello en Green Lantern v3 #150 USA, publicado por Planeta en el tomo Green Lantern: El Poder de Ión.

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Flash nº 10

Título: Cierra y tira la llave
Escritor: Raúl Peribáñez
Portada: Garang76
Fecha de publicación: Octubre de 2009



El Alcaide Wolfe ha desaparecido y todo apunta a que el culpable solo puede ser Gorila Grodd. Flash, acompañado de Animal Man, emprende una nueva aventura que le llevará a enfrentarse a este terrible villano. Y esta vez, Grodd tiene un truco en la manga.

Hace varios meses…
El Alcaide Wolfe hacía su paseo rutinario por los pasillos de la prisión Iron Heigths. Las celdas estaban ocupadas por algunos de los villanos más peligrosos jamás conocidos, y a Wolfe le satisfacía saber que los tenía bien retenidos. Casi se podía decir que vivía por ellos, por verlos sufrir entre rejas. Pero esta noche iba a ser distinta: iba a liberar uno de sus presos.
Wolfe se detuvo frente a la puerta de una de las celdas, y tras unos segundos en los que se mantuvo pensativo, reanudó el camino hacia su despacho. Le esperaban.
- Bien, señor Wolfe, espero que podamos acabar esto con prontitud –dijo un hombre impecablemente bien vestido-. Firme la orden de extradición, por favor.
- ¿Adónde lo van a llevar?

- No podemos darle esa información.
- Maldición, dígame a dónde lo llevan –los ojos de Wolfe se tornaron rojizos-...
- Me temo que sus trucos mentales no van a funcionar conmigo. Sabemos de sus poderes, señor Wolfe, y por eso he venido preparado con inhibidores mentales. No vuelva a intentarlo o estamparé su cabeza contra tierra. Sólo hágalo; firme este papel y nos llevaremos ese monstruo.


Hoy.
Flash recorría a gran velocidad las calles de Keystone City. Le gustaba detenerse de vez en cuando para tomar un pequeño respiro, pero últimamente las cosas no estaban como para estarse quieto. El Imperio instaurado por el Presidente norteamericano Lex Luthor había dejado a los superhéroes como una amenaza. Evidentemente, los ciudadanos que siempre aplaudieron las acciones de Flash no iban a cambiar su opinión de un día para otro, pero aquellos que lo odiaban tenían ahora la excusa perfecta para ir contra él. Los pensamientos de Flash se vieron interrumpidos cuando recibió una llamada a través de los dispositivos que lleva como orejeras.
- Flash, soy Hunter Zolomon. Ven cuando puedas al 10 de la avenida Waid.
- ¿Algo importante?
- Me temo que sí. Un posible asesinato. Y no te creerás quién es la víctima.
En cuestión de segundos Flash se plantó en aquella dirección, justo enfrente de una vivienda unifamiliar de varias plantas. Era poco corriente en una ciudad como Keystone, poblada principalmente de trabajadores y tan acostumbrados a los viejos y pequeños apartamentos.

- Aquí me tienes, Hunter.
- Antes que nada, me alegro de verte –estrechó la mano del héroe-. Últimamente (1) no te dejas ver mucho. Sígueme.
Los dos entraron en la vivienda y subieron con un ascensor hasta la tercera planta.
- ¿Quién vive aquí?
- El Alcaide Wolfe.
- ¿Wolfe?
Últimamente Flash había tratado en varias ocasiones con Wolfe. Él detenía a los villanos y Wolfe se ocupaba de mantenerlos entre rejas en Iron Heights. Era una buena combinación. Sin embargo, a Flash no le gustaban las formas del Alcaide y su relación era bastante tensa.
- Quién sabe cuánto debe cobrar ese hombre para permitirse una vivienda así.
- ¿Han asesinado a Wolfe? –dijo Flash, casi sin prestar atención al último comentario de Zolomon.
- Eso es lo que intentamos averiguar. No hemos encontrado su cuerpo, así que cabe la posibilidad de lo que hayan secuestrado.
El rostro de Zolomon se volvió serio al entrar en la sala de estar. Estaba totalmente destrozada y con sangre por todas partes.
- Fíjate en estas marcas tan profundas que hay en el suelo. Se repiten constantemente y siempre con una determinada distancia entre ellas. Hemos encontrado rastros de uñas y…
- Es Gorila Grodd.
- Sí, eso sospechamos. También hay una cantidad abundante de pelaje que bien podría corresponder al de un gorila. Al principio dudábamos de que él fuese el responsable dado que fue encerrado en Iron Heights. Sin embargo, después de una llamada (y varios minutos de discusiones tan burocráticas como estúpidas con los empleados), me han explicado que la celda de Grodd está vacía. Ese monstruo está libre y ha ido a por su carcelero. ¿Venganza tal vez?
- Creo que hasta yo iría a por Wolfe –dijo Flash con sorna-. Tengo una corazonada, Hunter, pero tengo que verificarla.
- Llámame si averiguas algo, Flash. No todos los policías queremos tu cabeza en una estaca.
- Me alegro de saberlo –sonrió.


Flash no tenía una majestuosa Fortaleza de la Soledad, pero desde su humilde casa podía comunicarse perfectamente con otros superhéroes. Puso en marcha el ordenador portátil, y después de activar un programa con multitud de contraseñas, Wally entabló contacto con Oráculo, quien a su vez le remitió a quién él buscaba: Nightwing.
- Ey, Dick. ¿Te pillo en mal momento? En Markovia deben ser las tantas de la noche.
- Tranquilo –respondió aquel entre bostezos-. Ya sabes que soy de dormir poco.
En los últimos tiempos Nightwing era el líder de los rebeldes Outsiders, por lo que se había apartado del resto de la comunidad superheroica, incluyendo Flash. Sin embargo, no hacía mucho que habían aclarado las cosas y su amistad estaba renovada. (2)
- Dick, necesito que me proporciones cierta información –después de explicarle lo acontecido, Flash compartió sus sospechas-. Wolfe es un hombre verdaderamente obsesivo en lo que se refiere al control de sus presos. Si le dejó marchar tuvo que ser porque alguien le obligó.
- ¿Estás pensando en…?
- Black Riot, sí.
- Has dado en el clavo, Wally. De hecho, Tara Markov topó con él en una ocasión, después de que la prisión fuese destruida. (3) Las cosas no han sido fáciles en Markovia. Ha habido tanto villano campando a sus anchas que era difícil tenerlos controlados a todos. Tara nos explicó que llegó a un acuerdo con Luthor para que se los llevase todos en 24 horas. Creemos que Luthor quiso recuperar todos esos monstruos para organizar el actual Escuadrón Suicida.
Flash rumió durante unos segundos. – No veo a Grodd en ningún grupo. Considera a los humanos seres inferiores y sólo quiere nuestra muerte. Pero eso no quita que la gente de Luthor lo atrapase y trajese a Estados Unidos y una vez aquí escapase. Es posible.


- ¡Suéltame!
Wolfe estaba encerrado en una jaula. Gritaba despavorido esperando llamar la atención de alguien… pero no parecía que hubiese nadie que pudiese sacarle de aquel lugar.
A pocos metros estaba Grodd, que masticaba salvajemente el cuerpo de un hombre.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Estúpido humano. Piensa. ¿Qué crees que puedo querer de ti?
- Teniendo en cuenta lo irracional que eres, realmente me cuesta imaginarlo.
- ¿Irracional? ¡Bah! Mi intelecto es superior al de la mayoría de tu especie, Wolfe –dijo mientras arrancaba el brazo de su anónima víctima.
- Lo cual demuestras siendo carnívoro, pese a que los simios son omnívoros.
Grodd se detuvo echando una mirada enfurecida. – Nunca te has caracterizado por tu humor, y no estás en el mejor momento para comenzar a practicarlo. Voy a comerte. Me torturasteis en Iron Heights. Me torturasteis en Black Riot. Pero ahora que he vuelto… voy a vengarme de todos vosotros.
- Estás equivocado, Grodd. No tuve nada que ver con lo que te hicieron en Black Riot. Yo nunca hubiese permitido… que un preso mío fuese llevado a otro lugar. Todos vosotros, personajes estrafalarios, sois míos.
Grodd comenzó a reír a carcajadas.
- Posesivo hasta el final, ¿eh?
- Fue la gente de Lex Luthor la que se te llevó a Black Riot. Maldición, si dices que eres tan listo, pues usa tus poderes telepáticos, entra en mi mente y verás que te estoy diciendo la verdad.
- ¿Sabes dónde estamos? A los humanos os gusta encerrarnos, hacernos sufrir, observarnos como si no tuviésemos sentimientos… Te he traído a este zoológico para que sufras lo mismo que nosotros. ¿No es paradójico? El carcelero encarcelado.
Respecto a usar mis poderes… Eso no va a ser posible. Tengo mi cabeza puesta en otras cosas.
Grodd se apartó dejando ver la tremenda cantidad de animales sueltos que había tras él. El villano había liberado a todos los animales de aquel zoológico y los controlaba mentalmente.
- Yo también puedo llegar a ser muy posesivo.


En el centro de Keystone City, Flash se detenía en la terraza de un bar, donde le esperaba su esposa Linda Park. A supervelocidad besó en su mejilla y cambió su llamativo traje por unos corrientes pantalones y camisa.
- ¿Cómo se puede llegar tarde siendo el “hombre más rápido del mundo”?
- Lo siento, lo siento. He pasado por casa para hablar con Dick. Un café, por favor –dijo a la camarera que se acercaba.
- ¿Por algo en particular?
- Grodd. Sospechamos que puede estar detrás de la desaparición de Wolfe. ¿Cuántas veces tendré que atrapar a ese monstruo?
- Sabes la respuesta tan bien como yo, Wally: tantas como sea necesario.
La conversación fue interrumpida cuando un hombre se acercó a ellos. Wally lo reconoció porque llevaba la típica indumentaria de…

- Animal Man.
- Prefiero que me llames Budy. Hola, me llamo Buddy Baker –le dijo a Linda-… Creo que no nos han presentado.
- Yo, euh, soy Linda. ¿Eres… Animal Man? ¿El superhéroe ecologista? Siéntate y toma algo con nosotros.
- ¿Qué quieres, Buddy? –dijo Wally con seriedad- ¿Qué te trae a Keystone?
- Yo de vosotros no bebería de esos cafés. No os podéis imaginar con qué los producen –aquel aviso hizo que Linda retirara de sus labios el café que estaba a punto de tomar-. Como bien sabes, Wally, mis poderes proceden de la unión que tengo con el campo morfológico. Me permite hacer uso de las habilidades de los animales y…
- Buddy, por amor de Dios, no conviertas esta conversación en un “Secret files & Origins”, que ya sé cuáles son tus poderes –Wally volvió a cambiar a su traje escarlata-. Y si vamos a hablar de temas “profesionales”, será mejor que lo hagamos en otro lugar.
Flash odiaba dejar a su esposa así sin más, pero cuando se trataba de villanos, sabía que había que tratar las cosas con prontitud. Ahora, en las afueras de la ciudad, Flash y Animal Man retomaban la conversación.
- Necesito tu ayuda para detener a Grodd –aclaró por fin Animal Man-. Es el responsable de las perturbaciones que siento desde hace días.
- ¿Perturbaciones?
- Grodd ha estado usando sus poderes mentales para manipular a su antojo a cientos de animales. Cada vez que viola una mente, el dolor del animal llega a mí a través del campo morfológico. Al principio eran señales muy débiles, pero a medida que Grodd abusaba más y más de ellos, era imposible no percatarme. Fue un colibrí quien me advirtió de él y de que se dirigía a Keystone.
- Así que un colibrí, ¿eh? –Flash no podía evitar pensar en lo ridículo que sonaba aquello- El Alcaide Wolfe ha sido atacado por lo que parece ser un gorila. Gorila Grodd ha desaparecido de Iron Heights. Y ahora tú aseguras que Grodd está en la ciudad. No hace falta ser Sherlock Holmes para comprender que realmente está todo relacionado.
- Yo puedo llevarte hasta donde está, Flash. ¿Qué tal si me sigues?
Flash salió corriendo a gran velocidad, no sin antes agarrar del brazo a su compañero de aventura. - ¿Qué tal si tú me sigues a mí? –sonrió el velocista.
En cuestiones de segundos la pareja de superhéroes llegó a su destino.
- ¿El zoológico? –se preguntó Flash- Dios, estos villanos temáticos son cada vez más fáciles de encontrar. Seguro que el Capitán Frío está en la zona de congelados del supermercado y Trickster en una tienda de juguetes.
- A mí no me mires, que...
Las bromas terminaron cuando sonó un fuerte rugido procedente de una banda de leones. Las bestias saltaron sobre ellos, pero Flash pudo evitarlos rápidamente. Animal Man, en cambio, no pudo reaccionar: ahora estaba en tierra con el tremendo peso del león que se había abalanzado sobre él. Podía sentir su aliento y sus afilados dientes, que rozaban su piel. Pero para un hombre como él siempre había recursos para salir de una situación tan peliaguda. Como había explicado anteriormente, Animal Man estaba en contacto con el campo morfológico, así que le era fácil recurrir a la fuerza de un rinoceronte. Así lo hizo y el león fue apartado con brutalidad.

- ¿Te encuentras bien? –preguntó Flash mientras con ataba con una cuerda a los leones.
Por detrás de ambos aparecía una enorme sombra que pertenecía a Gorila Grodd. Con gran sigilo, Grodd agarró a Flash por la cabeza y lo lanzó contra los barrotes de una jaula.
- ¡Te voy a masticar, Flash! –exclamó la bestia.
Flash intentaba reponerse, pero Grodd quería mantenerlo bien ocupado. Para ello ordenó a decenas de aves y roedores que le atacaran. Flash podía ser el hombre más rápido del mundo, sí, pero ahora estaba exhausto y, para colmo, sufría las mordeduras de todos aquellos animales.
Mientras, Animal Man se preparaba. Sabía que el siguiente sería él y esta vez no iban a cogerle con la guardia baja.
- Sabes, casi he lamentado hacerle daño a ese león. ¿Pero a ti? ¡Nada de nada! –dijo el héroe animado, que golpeó a Grodd con la fuerza propia de un gorila.
- Buen golpe –dijo el villano mientras se reponía-. Definitivamente, he hecho bien en recurrir a ti.
- ¿Qué…? –Animal Man no pudo terminar su frase. Comenzó a sentirse mareado, casi perdiendo el equilibrio, incapaz incluso de pensar. En su cabeza solo podía ver la monstruosa imagen de Grodd.
- He vuelto para vengarme de Flash, pero necesitaba una presa para tenderle una trampa –explica Grodd-. ¿Quién mejor que mi carcelero, Wolfe? Además, para asegurar la victoria he llamado tu atención, para que vengas hasta aquí y pueda manipular tu mente. Ahora eres mío, Animal Man, ¡y voy a usarte para matar a Flash!
Grodd, gracias a sus poderes telepáticos, se había hecho con el control del héroe. Bastaba un pensamiento para que Animal Man hiciese lo que él deseaba. Y así era. Grodd le ordenó asesinar a Flash y, sin dudarlo, Buddy fue a por el velocista, cogió los barrotes de una jaula y con gran fuerza los dobló alrededor de su cuello.
Grodd estaba emocionado por la idea de llevarse la victoria, pero sabía que no iba a ser tan fácil. El velocista, todavía fuera de sí, hizo vibrar su cuerpo, de manera que los barrotes explotaron al tocarle. La reacción afectó en pleno a Animal Man, que pese a esto se repuso sin más.
- ¡Grodd! –exclamó Flash, que mostraba su lado más agresivo. No en vano, su cuerpo estaba magullado, lleno de cortes por las mordeduras y picotazos. Definitivamente, se habían acabado las bromas- ¡Voy a acabar con…!
El ataque de Flash se vio interrumpido por Animal Man, que se interpuso entre él y Grodd.
El gorila comenzó a reírse a carcajadas.
- ¿Qué opinas, West? ¿Estás dispuesto a enfrentarte a él para llegar hasta mí?
Flash no hizo caso de las palabras de su enemigo. “Soy el hombre más rápido” pensó. “¿Qué velocidad puede alcanzar Buddy, la de un guepardo? Sigo siendo más rápido que él”. Convencido, Flash retomó el ataque a Grodd, esta vez esquivando a Animal Man, pero… Para su sorpresa, su antiguo compañero de la Liga de la Justicia era mucho más rápido que un guepardo. Tanto era así que no había forma de llegar a Grodd sin encontrarse con Buddy de frente.
- Animal Man es un ser único –aseguró el villano-. No solo está en contacto con todos los animales de la Tierra, también con los del resto del universo. Por eso es tan rápido, porque toma la súper velocidad de algún animal que hay ahí fuera.
- Muy bien, Grodd. Tú ganas. ¿Qué es lo que quieres?
- No es la primera vez que me preguntan eso –volvió a reír-. ¡Venganza! ¡Venganza por todas las que veces que me habéis vencido y encerrado! ¡Liberación! ¡Liberación para todos los animales que atrapáis entre jaulas!
- ¿Libertad? –dijo Wolfe, que sorprendentemente había escapad de su jaula- Y lo dices tú, que manipulas a los animales para tus propios fines. ¿Qué tipo de libertad es esa?

Querido lector, este fanfic todavía no está completo, pero en breve publicaremos la parte restante. Hasta entonces puedes plantearte qué es lo que va a pasar y comentarlo aquí mismo. Propón como quieres que termine y si nos gustan tus ideas puede que las usemos. ¡Gracias en todo caso!


(1): ¿Tal vez porque últimamente no publicamos fanfics de Flash?
(2): Outsiders nº 11
(3): ¿No te lo crees? Échale un vistazo a Outsiders nº 9

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Imanol Amado

Imanol Amado ha sido durante varios años un habitual del foro “DC Cómics a Gritos”, que en 2005 inició su carrera como escritor de fan-fictions en Action Tales. Su principal aportación a la página fue la serie Supergirl, posteriormente rebautizada como Superwoman debido a la evolución que sufría su protagonista en el transcurso de la misma. Además, Imanol impulsó la creación de DC Cómics Presenta, en la que no sólo participó activamente como autor, sino que también actuó como coeditor, estableciendo las reglas que marcaron el tipo de historias que se publicarían en esta serie. Por otra parte, Imanol ha escrito junto a Jerónimo Thompson la saga “Utopía Perdida” en Flash, la cual cimentó, junto al Superman de Jose Luis Miranda y los Outsiders de Raúl Peribáñez, el posterior crossover Imperio.

Lamentablemente, Imanol parece haber concluido actualmente su participación en Action Tales, dejando sin final su historia protagonizada por Rayo Negro en DC Cómics Presenta, y su última saga en Superwoman.

OBRAS
1. Supergirl/Superwoman #1-11
2. DC Cómics Presenta #1 y 4
3. Flash #3-7

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Green Lantern nº 16

Título: ¡El ataque de los Hombres Halcón: Capítulo Cuarto
Escritor
: Jerónimo Thompson
Portada: Roberto Cruz
Fecha de publicación: Octubre de 2009

¡Sangre! ¡Vísceras! ¡Y muertos! ¡¡Muchos muertos!! Después de la inesperada desaparición del planeta Rann, los acontecimientos se precipitan de forma dramática en este capítulo de ¡El Ataque de los Hombres Halcón!

En el episodio anterior… Mientras Kyle se dirige a la Ciudadela de los Guardianes acompañado por la doctora K’mele, Hawkman y Hawkwoman obligan al Decano de Seguridad Lídor a que les acompañe hasta la Puerta, y les ayude a destruir esta maquinaria de vital importancia en la campaña de expansión iniciada por Thanagar. Por otra parte, Sardath envía a John Stewart a Oa, también con el propósito de frustrar los planes de conquista thanagarianos, poco antes de activar su Rayo Omega: un poderoso artefacto que trasladará al planeta Rann hasta el otro extremo de la galaxia.


El piloto del caza thanagariano levantó los ojos del cuadro de mandos, alertado por la repentina sacudida que había sufrido su nave.
-Por los Siete Demonios... –murmuró incrédulo al comprobar que el diezmado grupo de rocketeers que había estado persiguiendo durante los últimos quince minutos, zigzagueando entre los edificios-aguja de un aceitoso suburbio de Rannagar, había desaparecido de su vista sin dejar rastro alguno. Al igual que todos los edificios-aguja. Y la ciudad-estado de Rannagar. Y el planeta Rann al completo.
Desplazándose de forma errática por el inesperado vacío del espacio, el piloto observó a través del cristal metalizado que cubría la parte frontal de su caza, a cientos de soldados alados retorciéndose a su alrededor bajo los efectos de la atmósfera cero; todos ellos miembros de los numerosos escuadrones que participaban en el exterminio de la población ranniana, y que ahora sentían impotentes cómo empezaba a hervir la sangre en sus venas (literalmente).
Los canales de comunicación que habían permitido coordinar el ataque conjunto de cazas y escuadrones de hombres halcón desde las naves nodriza que sobrevolaban el planeta, se vieron repentinamente saturados por una algarabía de gritos inconexos y exclamaciones cargadas de nerviosismo que exigían una explicación inmediata para aquella locura. ¿Acaso habían sido teleportados a otro punto estratégico? ¿Quién había autorizado aquel traslado? Todos los soldados que volaban libres, sin el equipamiento necesario para sobrevivir en el espacio, murieron pronto como consecuencia de su exposición al frío absoluto de –273 ºC, antes de que cualquiera de los cientos de miles de miembros de aquella flota tuviera la oportunidad de aventurar la más sencilla de las conjeturas.
El piloto del caza thanagariano reprogramó el ordenador de abordo para dirigirse inmediatamente hacia la nave nodriza más cercana, pero no tardó en darse cuenta de que ya no controlaba el rumbo de su nave, y que al igual que el resto de la flota invasora, caía sin remedio hacia la singularidad que había sustituido lo que hacía sólo unos instantes era el centro geométrico del planeta Rann: un punto de densidad infinita que rápidamente formó a su alrededor un agujero negro que devoró a toda la flota, e inició la absorción de las capas más superficiales de la estrella Alfa Centauri, arrancando de su corona solar lenguas de fuego de varios kilómetros de ancho que terminaron desapareciendo más allá de su horizonte de sucesos.
Todo ello a tan sólo 4,36 años luz de la Tierra.


-Detrás de ti, Lídor –susurró Carter Hall abriendo el acceso de la sala de control situada junto a la Puerta(1).
Con el rostro ligeramente crispado por la intensa ira que bullía en su interior, el Decano de Seguridad Lídor descendió por las estrechas escaleras que bajaban hasta el nivel inferior del Centro de Operaciones, seguido muy de cerca por Hawkman y Hawkwoman.
-Acompáñenme ahora hasta la Puerta... General Godan... Coronel Dekar...(2) –masculló el thanagariano de figura esquelética al reunirse con los cuatro soldados que les esperaban en el último peldaño(3).
-Excelente, Decano –respondió Shayera de forma distraída, mientras se cercioraba con un rápido vistazo de que no hubiese cambiado nada en el bullicioso Centro de Operaciones: efectivamente, el grupo de científicos responsable del correcto funcionamiento de la Puerta aún mantenía su ritmo frenético de trabajo, y nadie parecía sospechar que la nueva Rectora y su acompañante fueran en realidad agentes infiltrados de la disidencia thanagariana(4).
Flanqueados de nuevo por el cuarteto militar que les había sido asignado como escolta durante su visita, Hawkman y Hawkwoman siguieron al Decano de Seguridad hasta un pequeño orificio ovalado abierto en la base de una de las caras de la Puerta. El acceso apenas contaba con un metro y medio de altura, y no era posible determinar lo que había al otro lado, debido a la cegadora luz esmeralda emitida por las placas metálicas que revestían la superficie externa de aquella maquinaria.
Cubriendo sus ojos parcialmente con las manos, pasaron los tres al interior de la pirámide, mientras la escolta se situaba a ambos lados del orificio custodiando la entrada.
-Como podrán observar a continuación –empezó a recitar el Decano Lídor, retomando su papel de cicerone muy a su pesar, -la Puerta presenta un espacio hueco en su interior que permite...-.
El escuálido guía perdió repentinamente el hilo de su recién iniciado discurso al encontrarse allí dentro rodeado por una docena de soldados alados que parecían esperar su llegada. Y justo enfrente suya, a sólo un par de metros, reconoció con sorpresa la rechoncha figura del ex-Rector Karon Tev.
-Si no le importa, Lídor –dijo su antiguo superior mostrando una extraña sonrisa en su boca de labios gruesos, -a partir de este punto me encargaré yo de acompañar a nuestros invitados en su visita al complejo...-.
Hawkman se limitó a cruzar una rapidísima mirada con Shayera Hol antes de lanzar un golpe brutal contra la tráquea del escolta que se encontraba más próximo a ellos, haciéndose con una de las armas que colgaban de su cinto mientras éste caía muerto al suelo. Inmediatamente, Carter le pasó el arma a Hawkwoman, y utilizando al Decano de Seguridad como escudo humano, avanzó con celeridad hacia el ex-Rector Tev.
En respuesta a la violenta reacción de Hawkman, el escuadrón de soldados que que les rodeaba apuntó todo su armamento contra ellos, a la espera de que Karon Tev diera la orden de abrir fuego.
Shayera Hol aprovechó estos breves instantes de vacilación para descargar el contenido de su arma contra los otros tres soldados que les habían acompañado hasta allí, despejando así su vía de escape, aunque al mismo tiempo dudaba que Carter y ella tuvieran alguna oportunidad de salir del Centro de Operaciones. Aun eliminando el peligro inmediato que representaban aquellos hombres a sus espaldas, era sólo cuestión de segundos que sonaran las alarmas, y todos los equipos de seguridad del Rectorado XII se concentraran en aquella zona.
Mientras tanto, dos de los soldados que les habían estado aguardando en el interior de la Puerta se interpusieron entre Hawkman y un nervioso (aunque visiblemente excitado) Karon Tev, dispuestos a abatir al aturdido Decano de Seguridad si era necesario.
-¡No disparéis! –gritó Lídor con una voz inusualmente aguda.
-No disparéis –confirmó Karon Tev. –Queremos al terrestre vivo... ¡Pero matad a esa perra traidora! –añadió señalando a Hawkwoman.
Carter volvió rápidamente su cabeza hacia Shayera Hol, que en esos momentos se cubría parcialmente con el cadáver de uno de los escoltas caídos, al tiempo que comenzaba a disparar contra aquellos soldados que la estaban apuntando. Sin embargo, mientras que las descargas de Hawkwoman se dispersaban de forma inocua al entrar en contacto con los escudos energéticos que habían activado los thanagarianos a su alrededor, ella no tuvo tanta suerte cuando éstos respondieron a su ataque.
El cadáver del escolta thanagariano recibió la mayor parte de las descargas láser y proyectiles explosivos que dirigieron los hombres halcón contra Shayera. No obstante, una vez que sus pedazos volaron en todas las direcciones posibles, salpicando de sangre y pequeños trozos de carne las paredes y el suelo de la estancia, fue el cuerpo de Hawkwoman el que recibió toda la furia del embite thanagariano.
-¡No! –aulló Carter al asistir impotente al brutal asesinato de su compañera: antigua componente de la Liga de la Justicia y esposa de Katar Hol, cuya esencia formaba parte, en cierto modo, del alma de Hawkman(5).
Carter arrojó sobre el suelo al Decano de Seguridad Lídor, pero al tratar de llegar hasta los restos sin vida de Shayera, dos soldados alados cayeron sobre él con la intención de reducirlo: sin éxito. Hawkman estaba poseído por una sanguinaria furia demente, y sin apenas esfuerzo, rompió el cuello del primero que se interpuso en su camino, para rápidamente hacer impactar su puño izquierdo contra el pecho del segundo, partiéndole el esternón en varios pedazos.
Acto seguido, los restantes hombres dispararon sobre él suficientes descargas aturdidoras como para derribar a un gigante que triplicara su peso, pero apenas consiguieron frenarlo, y cuando cuatro de ellos trataron una vez más de reducirlo, dos resultaron muertos, y los otros dos necesitaron la ayuda de cuatro más para empezar a contener su ira desatada.
Tras diez minutos de lucha violenta y desesperada, Carter Hall terminó inconsciente sobre el suelo de aquella pequeña estancia con decenas de cortes y magulladuras por todo su cuerpo, y rodeado por los cadáveres de media docena más de thanagarianos.
-Sedadlo –ordenó el Rector Tev recuperando con cierto esfuerzo su estudiada calma. -Y enviadlo inmediatamente al Nivel 21. El laboratorio Beta 5 ya está preparado para recibir al terrestre e iniciar su estudio...-.
-¡Exijo una explicación para todo esto, Rector! –bramó el Decano de Seguridad Lídor, encogido hasta ese momento en el rincón más alejado de la pelea.
-No sea melodramático, Lídor –contestó Karon Tev con un ligero movimiento de mano. –El Alto Mor sabía desde hace semanas de la existencia de un pequeño grupo de disidentes que incluía a importantes miembros de la alta sociedad thanagariana, y que tenía como principal objetivo la destrucción de la Puerta...-.
-¿Lo sabía y no ha hecho nada al respecto?-.
-No me interrumpa, Decano. El Alto Mor sabe muchas cosas, y actúa cuando debe actuar. Según nuestros informes más recientes, Carter Hall, el terrestre que no conseguimos capturar en la desastrosa misión en Sol-3(6), se encontraba en Thanagar bajo el auspicio de este grupo rebelde, así que decidimos esperar hasta que surgiera la oportunidad de atraparlo sin ningún margen de error-.
-Pero no lo entiendo... ¿Por qué no han intervenido antes?-.
-No sea inocente, Lídor. Antes de actuar necesitábamos conocer la identidad de todos los insurgentes, para estar seguros de que ninguno de ellos pudiera escapar. Y así ha sido: hace apenas una hora, varios escuadrones militares arrestaron, y ejecutaron inmediatamente, a todos esos rebeldes. A excepción, claro está, de esta traidora –añadió señalando los restos de Shayera Hol con su barbilla casi oculta en la gruesa papada.
-Ah... –acertó a decir Lídor, aún confuso por lo ocurrido. -¿Y yo? ¿Por qué no he sido informado? ¿Por qué no capturaron a estos dos farsantes cuando llegaron al Rectorado?-.
-Aún no estábamos seguros de que tuvieran a algún otro agente infiltrado en este complejo, así que decidimos darles libertad de movimiento hasta que llegaran a la Puerta, su único objetivo aquí. Y en cuanto a usted... Bueno, pensé que sería mejor que actuara con naturalidad en el caso de que ellos le obligaran a acompañarles hasta aquí, como así ha sido. Supongo que no estará molesto por haber tenido la oportunidad de servir lealmente al Alto Mor, ¿verdad?-.
-No... Por supuesto que no... –balbució el Decano de Seguridad.
-Entonces no es momento de lamentarse, amigo Lídor. Las cosas no podrían ir mejor para nuestra causa: la disidencia thanagariana no es ya más que un recuerdo del pasado; hemos conseguido capturar al terrestre Carter Hall; y con el suministro inagotable de energía que nos proporciona Oa, la galaxia entera se inclinará ante nosotros en muy poco tiempo. ¡Thanagar ha triunfado!-.


Oculto en el seno de la formidable cola de un cometa que se desplazaba a 300 millones de kilómetros de distancia de Oa, John Stewart observó con estupor la imagen que le ofrecía su anillo de la flota thanagariana orbitando el planeta de los Guardianes del Universo. No cabía duda de que Sardath había acertado al identificar el origen de la fuente de energía que estaban utilizando las tropas de Thanagar para alimentar su nuevo sistema de teletransporte(7), pero... ¿Qué debía hacer ahora?
Al valorar sus opciones se dio cuenta de que éstas eran muy reducidas, y en cualquier caso, ninguna le convencía lo suficiente como para llevarla a cabo. Dirigirse a la Tierra para pedir la ayuda de la Liga de la Justicia, por ejemplo, le parecía un plan demasiado arriesgado: el tiempo corría en su contra, y era muy probable que cuando volvieran, los thanagarianos ya hubieran afianzado su posición en el planeta, y puesto en marcha, si no lo habían hecho ya, sus planes de ocupación interestelar. Quizá podrían recuperar Oa, pero para entonces muchos mundos y billones de vidas se habrían perdido ya.
Por otra parte, su anillo de poder le había informado de que Kyle se encontraba en el planeta junto a Ganthet y los Guardianes infantiles, y un retraso de sólo unas horas podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte de todos ellos.
¿Acaso podría enfrentarse él solo a toda una flota estelar y sobrevivir al intento? ¿Arriesgaría su vida en una empresa suicida destinada casi con toda seguridad al fracaso?
Mientras reflexionaba sobre la acción que debía emprender, las corrientes de polvo y gas ionizado generadas por el viento solar que llegaba desde la cercana Sto-Oa(8) se arremolinaban a su alrededor al entrar en contacto con el aura esmeralda que le permitía sobrevivir en aquel medio hostil. Un espectáculo cautivador que le mantuvo absorto durante varios minutos, recordando el tiempo que pasó en Rann, en el interior del Tanque(9): lo que allí sintió, y las decisiones que tomó al salir de él.
Finalmente, supo lo que debía hacer.
Por Oa, pensó John Stewart abandonando la cola del cometa a un cuarto de la velocidad de la luz. Por el universo.


La capitana Merkan Rad entró con paso firme en el gimnasio reconvertido en sala de control, donde un reducido grupo de técnicos dirigido por su sargento estudiaba atentamente una imagen holográfica de la Ciudadela de los Guardianes.
-¿Y bien? –preguntó al sargento.
El holograma, que reproducía hasta el último detalle la compleja estructura tridimensional de la Ciudadela en un uniforme color amarillo, mostraba también una pequeña esfera esmeralda que avanzaba lentamente a través de uno de los numerosos edificios abovedados que rodeaban la Plaza Central.
-El Green Lantern viene hacia aquí –afirmó el sargento con gravedad. –Evita cruzar las grandes avenidas y los espacios más abiertos, pero está claro que su ruta le lleva directamente hacia nosotros-.
-Era de esperar. Kyle Rayner nunca abandonaría este planeta sin haber intentado antes liberar a Ganthet y al resto de Guardianes... Y por supuesto, nunca antes de tratar de expulsarnos de Oa. Es un Green Lantern. Un héroe. Aunque todas las circunstancias estén en su contra, siempre mantendrá la estúpida esperanza de arreglar las cosas con la única ayuda de su anillo y un par de puñetazos –sonrió la capitana Rad con cinismo.
Entonces, uno de los técnicos desvió su atención del holograma de la Ciudadela para atender a un comunicado urgente remitido desde el mismísimo Gabitete de Guerra de Thanagar. Escuchó muy concentrado durante cerca de medio minuto, y seguidamente, con el rostro súbitamente pálido, solicitó permiso para dirigirse a su superiora:
-Capitana, me informan de que hemos perdido a la flota enviada a Rann-.
-¿Cómo? –exclamó la thanagariana volviéndose hacia el técnico.
-Aún no lo saben, pero... El planeta ya no existe, y en su lugar hay ahora un agujero negro que ha consumido parcialmente a la estrella Alfa Centauri, y a todos nuestros operativos-.
-¿Un agujero negro? ¿Salido de la nada?-.
Merkan Rad permaneció en silencio un instante, añadiendo después para sí:
-Sardath... Estoy segura de que esto ha sido obra suya...-.
-¿Y por qué destruiría ese loco su propio mundo? –preguntó el sargento sin entender lo que había ocurrido.
-Porque comprendió que nuestras tropas arrasarían Rann en cuestión de horas, y la desesperación ha debido convencerle de poner en marcha algún tipo de mecanismo capaz de convertir a todo el planeta en su arma más poderosa y definitiva. La única forma que ha encontrado ese viejo idiota de hacernos daño, aun a costa de su propia vida y la de toda su raza-.
-Lo cierto es que hemos perdido a gran parte de nuestras fuerzas en esta campaña... –se atrevió a apuntar el sargento.
-Tiene razón –asintió la capitana. –Y esta pérdida afectará sin duda al desarrollo de la fase cinco, que dará comienzo de forma inmediata. Sin embargo, a cambio hemos eliminado cualquier rastro que pudiera quedar de la única tecnología de teletransporte instantáneo capaz de hacernos frente en esta galaxia. Ha sido un gran sacrificio, no cabe duda, pero esas tropas han cumplido con su objetivo. Lo único que debemos hacer ahora es asegurar nuestra posición aquí, en Oa, y para ello es imprescindible capturar a Kyle Rayner, sargento. ¿Ha situado ya a sus hombres en el lugar acordado?-.
-Efectivamente, capitana: el escuadrón interceptará al Green Lantern en este túnel lateral –informó mientras señalaba con el dedo una estrecha línea amarilla en el holograma de la Ciudadela, -en aproximadamente cinco minutos-.
-Excelente… Sólo espero que el Alto Mor, y el comandante de nuestra flota, no tengan que arrepentirse de haberme negado el envío de más soldados a la Ciudadela…(10)-.


El escuadrón de hombres alados aguardaba pacientemente la llegada de Kyle Rayner dispuesto en varias oquedades laterales, apenas visibles en aquel túnel deficientemente iluminado.
Todos ellos mantenían activado su numeroso y variado armamento, preparados para la que seguramente sería la batalla de sus vidas. Un enfrentamiento con un Green Lantern, cuyo resultado bien podía marcar el éxito o fracaso de la campaña de expansión iniciada a nivel galáctico por Thanagar.
Los soldados no tuvieron que esperar mucho tiempo a su presa, que apenas un par de minutos después, anunció su llegada con un leve murmullo de pisadas que avanzaban rápidamente hacia ellos.
-¡No te muevas! –gritó uno de los thanagarianos mientras apuntaba su cañón de plasma hacia la figura semioculta, asegurándose previamente de que ya lo tenían rodeado.
-¿Qué es esto? –exclamó aquella silueta con una voz que no se correspondía con la de Kyle Rayer ni en género, ni edad. -¿Una emboscada? Oh, qué emocionante... –dijo la doctora K’mele con genuino entusiasmo.
Los miembros del escuadrón thanagariano mostraron un desconcierto en sus rostros parcialmente cubiertos por los cascos alados, que pronto se convirtió en ira desmedida al percatarse de lo que estaba ocurriendo. El soldado responsable de dirigir aquella operación activó enseguida el comunicador de su casco:
-¡Sargento! ¡Capitana Rad! ¡El Green Lantern nos ha engañado! ¡Ha enviado a un señuelo, pero él no está aquí!-.
Mientras el thanagariano vociferaba su frustración haciendo retumbar las paredes de aquel estrecho túnel lateral, la anciana nacida en Talkor abrió con rapidez su mano derecha, mostrando el anillo de poder de Kyle Rayner en la palma.
-Bueno... –susurró la doctora. –Yo ya he hecho mi parte: ahora es tu turno-.
-Iniciando maniobra de evasión –informó la característica voz impersonal del anillo mientras incluía a la talkoriana en una esfera de brillante energía esmeralda, antes de que el escuadrón de soldados pudiera hacer nada para evitarlo.
Acto seguido, la burbuja recién formada con la doctora K’mele en su interior se lanzó verticalmente hacia arriba, provocando una lluvia de escombros al desplazarse, que obligó a los thanagarianos a huir de allí de inmediato para no terminar sepultados bajo los enormes fragmentos de piedra y cristal que cayeron sobre ellos.


-Ganthet... –susurró el Green Lantern retirando la diadema que rodeaba la cabeza del Guardián. –Ganthet... Soy yo, Kyle. Tienes que despertar...-.
-Uh... –gruñó Ganthet mientras frotaba su amplia frente azul con una mano, tratando de aliviar el fuerte dolor de cabeza que le impedía pensar con claridad. -¿Kyle? ¿Qué ha pasado? Yo... ¡Los thanagarianos! –exclamó de repente abriendo los ojos de par en par, e incorporándose con cierto esfuerzo.
-Tranquilízate, Ganthet –dijo el Green Lantern sujetando sus hombros con firmeza. –Necesito que cobres fuerzas antes de...-.
-¡No hay tiempo para eso, Kyle! –gritó el otro con nerviosismo; y reparando en que los Guardianes infantiles se encontraban también allí, inconscientes sobre el suelo de aquella misma estancia, añadió con cierto temblor en la voz: -¿Cómo se encuentran?-.
-Bien... creo –contestó Kyle. –No tengo el anillo aquí conmigo para comprobar sus constantes vitales, pero parecen estar bien, y supongo que cuando les quitemos esas diademas...-.
-¿Y tu anillo de poder? Por la Llama Verde, tienes un aspecto horrible...-.
Kyle tenía la cara completamente hinchada por los golpes, y sangraba abundantemente por una brecha abierta en su ceja izquierda.
-Pues me siento aún peor, pero creo que Batman no perdió su tiempo cuando me adiestró en algunas técnicas de lucha cuerpo a cuerpo. Yo estoy mal, pero ellos... –dijo señalando hacia la puerta de acceso a la estancia, donde tres soldados thanagarianos permanecían sin sentido.
-¿Y el anillo? –volvió a preguntar Ganthet.
-No tardará mucho en llegar –respondió el Green Lantern. –Se lo dejé a la doctora K’mele para que distrajera a los halcones mientras yo venía a liberaros. Y ahora... Bueno, pienso que deberíamos llevar a los niños a un lugar seguro, y volver después para patear algunos culos thanagarianos, ¿no te parece?-.
-No, Kyle... No lo entiendes... –balbució el Guardián sacudiendo la cabeza. –Ellos los matarían antes de que pudiéramos hacer nada en su contra(11). Esta vez debemos rendirnos. Dejarles que tomen el control de Oa...-.
-¿Pero qué me estás contando, Ganthet? ¡No podemos permitir que Thanagar se adueñe de la Batería Central! ¡Eso sería...!-.
-¡Les matarán si no lo hacemos! –le interrumpió Ganthet fuera de sí. -¡Y no estoy dispuesto a perderles por segunda vez!(12)-.


La improvisada sala de control establecida por los thanagarianos en un gimnasio de la Ciudadela bullía con la agitación de los técnicos encargados de monitorizar la señal emitida por el anillo de Kyle Rayner, mientras el escuadrón enviado a interceptar al Green Lantern seguía transmitiendo sus comunicaciones:
-¡La mujer ha escapado! –gritaba uno de los soldados a través de su emisor.
-¡Estamos atrapados! –exclamaba otro. -¡Los escombros nos h...!-.
-¡Cortad esa transmisión! –vociferó Merkan Rad. -¡Y decidme inmediatamente hacia dónde se dirige el anillo!-.
El holograma de la Ciudadela de los Guardianes mostró con claridad a la pequeña esfera esmeralda que representaba al anillo de poder, elevándose en línea recta hasta colocarse por encima de los edificios más altos, y desplazándose posteriormente hacia otra sección más alejada del centro de la urbe.
-Estimando posible destino del objetivo... –se atrevió a decir en voz alta uno de los técnicos.
-¡Sargento!-.
-¿Sí, capitana?-.
-Consulte la base de datos del Rectorado Prima: quiero saber quién es esa mujer que lleva el anillo, y por qué no se me ha informado antes de su existencia. Y por encima de todo... ¡Quiero saber dónde está Kyle Rayn...!-.
-¡Capitana Rad! –gritó otro técnico. –Recibo una transmisión del comandante de la flota estelar: ¡Están siendo atacados! ¡Por un Green Lantern!-.
-Pero eso no es posible... –murmuró el sargento.
-¿Otro Green Lantern? ¿O se trata de...? –se preguntó Merkan Rad aturdida.
-¡Capitana! El anillo se dirige al sector noreste de la Ciudadela: ¡Va directamente hacia los Guardianes!-.
La oficial thanagariana permaneció callada durante unos segundos, con la mirada perdida entre las finas líneas de color amarillo que conformaban la estructura tridimensional del holograma.
-¿Capitana? –inquirió el sargento.
-Nuestra posición en Oa está viéndose comprometida, sargento. Debemos actuar rápido, antes de que perdamos por completo el control de este planeta -.
Merkan Rad sacó un pequeño artefacto gris metalizado de un bolsillo lateral de su uniforme. Por un instante, miró al grupo de técnicos, enfrascado en la determinación del punto de destino del anillo con la mayor precisión posible. Y miró también al sargento, que asentía brevemente para respaldar su decisión, cualquiera que ésta fuese.
Y entonces, activó el dispositivo.
A varios kilómetros de distancia, los campos de éstasis que rodeaban las nanopartículas de antimateria que corrían por las venas de los Guardianes infantiles se desvanecieron de forma simultánea, permitiendo que esta antimateria entrara en contacto con la materia de sus cuerpos. La detonación resultante destruyó una tercera parte de la Ciudadela, haciendo volar por los aires hasta el último de los edificios que allí se alzaba, en el fragor de una explosión que acabó con la vida de los Guardianes del Universo.


En la Tierra, en un templo oculto a los ojos de los mortales, perdido en los desiertos que se extienden al sur de Utah, el Espectro permanecía encogido sobre el suelo con el rostro oculto bajo la capucha de su manto. Cuando finalmente levantó la cabeza, sus ojos brillaban con el fulgor de un millar de soles, y sus labios pronunciaron una sola palabra:
-¡Venganza!-(13).

Continuará...


(1) La Puerta es el instrumento que permite a las fuerzas thanagarianas trasladarse de un lugar a otro del universo de forma instantánea.
(2) Identidades que han adoptado Carter Hall y Shayera Hol para infiltrarse en el Rectorado XII.
(3) Llevan esperando aquí desde hace dos números. ¿No te acordabas ya?
(4) Como ya se explicó en el número anterior.
(5) Si quieres saber más sobre la resurrección del Hawkman actual échale un vistazo a JSA #23-25 USA, publicado por Norma en el tomo nº5 de la serie: El Retorno de Hawkman.
(6) Como ya se contó en la saga “Utopía Perdida”, publicada en Flash #3-8.
(7) En Green Lantern #15.
(8) La estrella que ilumina el planeta Oa.
(9) Green Lantern #14.
(10) Como se contó en Green Lantern #14.
(11) Tal y como se contó en Green Lantern #13, los thanagarianos inyectaron a los Guardianes infantiles una disolución de nanopartículas de antimateria recubiertas por pequeños campos de éstasis, que si entran en contacto con la materia de sus cuerpos los desintegrará en el acto.
(12) Todos los Guardianes del Universo, salvo Ganthet, murieron en Green Lantern v3 #50 USA, publicado por Planeta dentro del tomo “Green Lantern: Amanecer y Ocaso”.
(13) ¿Te suena esta escena? Efectivamente, ya la leíste en Green Lantern #8. Si quieres recordarla en toda su extensión, te recomiendo que le eches un vistazo al final de ese número.

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